martes, 22 de octubre de 2013

VIAJE DE INVIERNO





COLGANTE TORRE EIFFEL 














El ruiseñor parado en la Torre Eiffel, esperando el inicio del invierno, observaba a un joven que lloraba. Era la primera vez que no veía una pareja enamorada y feliz paseando por el Campo de Marte, sino un joven triste que mojaba la fría nieve que adelantaba el invierno:

  • Dijo que bailaría conmigo si le llevaba una rosa roja. Si se la llevo, la tendré en mis brazos, reclinará su cabeza sobre mi hombro y su mano estrechará la mía. Pero no hay en todo este jardín ninguna flor...mi vida destrozada por carecer de una rosa roja... Tendré que estar solo y no me hará ningún caso. No se fijará en mi para nada y se destrozará mi corazón.
El ruiseñor conmocionado:

  • He aquí el verdadero enamorado. Siempre le he cantado todas la noches, sin conocerlo, y todas las   noches les cuento su historia a las estrellas, y ahora lo veo. Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegría para mí es pena para él. El amor no es algo que se pueda vender ni ponerlo en una balanza para  adquirirlo.
El ruiseñor que comprendía el secreto de la pena del estudiante, permaneció silencioso en la torre Eiffel, reflexionando sobre el misterio del amor. Y de pronto desplegó sus alas y emprendió el vuelo hasta que encontró en un jardín un rosal. Voló hacia él y se posó sobre una rama.

  • Dame una rosa roja y te cantaré mis canciones más dulces.
  • Mis rosas son blancas - contestó el rosal meneando la cabeza-, blancas como la nieve de la montaña, la espuma del mar, la pureza y la inocencia.
El ruiseñor siguió buscando otro rosa y cuando lo encontró:

  • Dame una rosa roja y te cantaré mis canciones más dulces.
  • Mis rosas son azules - contestó el siguiente rosal meneando la cabeza-, azules como el cielo, las olas del mar, la libertad y la franqueza.
Entonces el ruiseñor voló hasta la ventana del estudiante donde había otro rosal:

  • Dame una rosa roja y te cantaré mis canciones más dulces.
  • Mis rosas son rojas tan rojas como tu pico, como el coral del océano, pero el invierno ha helado mis   venas, la escarcha ha marchitado mis capullos, el viento ha partido mis ramas, y no tendré más rosas   este año.
  • ¿Y no hay ningún medio para que yo la consiga?
  • Hay un medio, pero es terrible.
  • Dímelo. No tengo miedo.
  • Si quieres una rosa roja, tendrás que hacerla con notas de música y teñirla con sangre de tu propio     corazón. Cantarás para mí con el pecho apoyado en mis espinas que te atravesarán el corazón y la     sangre de tu vida correrá por mis venas y se convertirán en una rosa roja.
Entonces desplegó sus alas oscuras y emprendió el vuelo, pasó por el Campo de Marte como una sombra y se posó otra vez en la majestuosa Torre Eiffel. El joven permanecía tendido en el césped y las lágrimas seguían heladas... pero al ver la sombra del ruiseñor, el estudiante levantó los ojos y prestó atención a lo que este cantaba:

  • Sé feliz, tendrás tu rosa roja. La crearé con notas de música y la teñiré con la sangre de mi corazón. A cambio quiero que seas un verdadero enamorado más sabio que la filosofía y más fuerte que el poder...

El estudiante volvió a su casa, donde al poco rato se quedó dormido pensando en su amada, y el ruiseñor voló al rosal de la ventana, donde colocó su pecho contra la espinas y empezó a cantar.
Al principio, sobre la rama más alta, floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo, canción tras canción. Primero era pálida  pero el ruiseñor cantó más alto y se apretó más contra las espinas, y la sangre empezó a fluir por el rosal hasta que un delicado rubor apareció sobre los pétalos de la rosa.

  • Mira, mira-gritó el rosal, ya está terminada la rosa.

Pero el ruiseñor no respondió, yacía sobre las altas hierbas... y el estudiante a la par se despertó, abrió la ventana y vio la hermosa rosa. E inclinándose la cogió..


1 comentario:

Pilar dijo...

Qué historia tan bonita....la has reflejado perfectamente en el colgante que has preparado, precioso. Besicos.